La vitamina D es un nutriente que tu organismo necesita para absorber calcio y mantener saludables tus huesos. Asimismo, atesora propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y neuroprotectoras que contribuyen a la actividad de las células cerebrales, la función muscular y a la salud del sistema inmune.

¿Qué es la vitamina D y qué funciones desempeña?

Esta vitamina liposoluble se almacena en los tejidos grasos del cuerpo y en el hígado. Apenas se ingiere con la alimentación (20 %) y se la conoce como la vitamina del sol. ¿Por qué? Porque se fabrica principalmente a partir de la exposición de la piel a la luz solar.

Como hemos adelantado, cuida del sistema óseo fijando el calcio, pero también desempeña otras funciones. Entre ellas, la regulación de las hormonas femeninas o la prevención inmunitaria.

Por otro lado, algunos científicos han relacionado un déficit de vitamina D con la dificultad para concebir un bebé. Y es que, a pesar del clima que tenemos en España, no alcanzamos los niveles requeridos por el organismo. El motivo principal es la escasa cantidad de horas que pasamos al aire libre.

¿En qué casos es necesario tomar vitamina D?

La dosis recomendada de esta vitamina depende de cada grupo poblacional, aunque es especialmente beneficiosa para la mujer pre-menopáusica y para la prevención de la osteoporosis.

Igualmente, debes atender a los niveles previos. Por tanto, quienes padecen un déficit reclamarán, al menos de inicio, una dosis mayor que quienes no lo presentan. De forma general, la dosificación diaria oscila entre las 800 y las 1000 UI (unidades internacionales).

Se recomienda tomarla en las siguientes situaciones:

  • Embarazo.

  • Crecimiento.

  • Mujeres en edad de menopausia o próximas a ella.

  • Como protección de la masa ósea en los adultos mayores.

  • Prevención inmunitaria.

  • Envejecimiento y osteoporosis.

  • Disminución de la fertilidad.

  • Trastornos del ciclo menstrual, dado que influye en los niveles circulantes de progesterona y estradiol.

¿Cómo tomar vitamina D?

Al igual que sucede con las vitaminas para el cansancio, existen diferentes presentaciones farmacológicas para tomar la que nos ocupa. Para escoger la idónea, debes tener en cuenta que la forma activa es el colecalciferol o vitamina D3.

En un formato aceitoso se absorberá perfectamente, ya que es una vitamina liposoluble. Asimismo, si se combina con vitamina E, el producto estará estabilizado frente a una posible oxidación.

Si te decides por una presentación en gotas, te resultará muy sencillo ajustar la posología en UI, de acuerdo con la recomendación.

Aunque se puede tomar de forma diaria, quincenal o mensual, hay algunos estudios que indican que lo mejor es hacerlo a diario. Tal y como haces con los antiinflamatorios o analgésicos cuando tienes dolor de espalda.

Acompañada de K2

La vitamina K2 resulta de gran ayuda para incorporar el calcio a la matriz del hueso. Además, impedirá que se deposite en las arterias, por lo que también es beneficiosa para la salud del corazón.

Por lo general, su presentación es en cápsulas, lo que complica su correcta dosificación. En este caso, está indicada para quienes quieren prevenir un déficit. Es ideal para personas con riesgo cardiovascular o mujeres menopáusicas, salvo que estén en tratamiento con anticoagulantes.

Tómala con calcio

A diferencia de la vitamina D, el calcio sí podemos obtenerlo de la dieta. Sin embargo, existen numerosas formas farmacéuticas que combinan estos dos elementos. Lo habitual es encontrarlo en comprimidos. Esto también dificulta la dosificación de la vitamina y su absorción, pues no estará en forma oleosa.

Esta opción es la más recomendable en personas con osteoporosis y que están tratadas de forma continuada con glucocorticoides.

Recuerda que si tienes un déficit de vitamina D, reclamas un aporte adicional. No olvides que una buena exposición solar te ayuda a sintetizarla. Si tienes alguna duda, consúltanos.

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